historia

 

El abuelo Ramón nos enseñó a hacer pan, a hacer pan del de verdad. Él, a su vez, lo aprendió de su padre, y así podemos ir atrás hasta el año 1867, año en que se encuentra el primer horno de la historia familiar. Desde entonces, en casa, hacer buen pan ha sido siempre una regla insaltable: pan de calidad, con buenos productos y respetando el ritmo que éste exige. De hecho, desde el momento en que el primer pellizco de harina se amasa con el resto de ingredientes hay que respetar los tiempos que la masa pide, tratándola con cuidado para que ésta desarrolle de la mejor manera.


Hoy en día somos pocos los que, a pesar de saber que el concepto de pan ha evolucionado mucho, seguimos haciendo el pan como se hacía antes porque creemos que es la manera más sana y natural de hacerlo. Pero somos conscientes de que el tiempo pasa, la sociedad cambia, y los gustos de nuestros clientes lo hacen con ella. Y es de ahí de donde nace Tinyol, con la intención de renovarse y modernizarse día a día, pero sin hacer ningún cambio en lo que es 
importante de verdad: la calidad.


Estas ganas de seguir haciendo productos naturales nos han ayudado a trasladar este sentimiento a todas las ramas de la panadería. El pan fue el inicio, pero hoy en día tanto las pastas, como los postres, como los productos más señalados están hechos con la misma filosofía. Productos de calidad, naturales y sanos.

 

tinyol solidario


Siempre hemos tenido muy presente la importancia que tiene gestionar bien los productos del día a día. Cuando se habla de comida, y más en los tiempos que corren, hay que aprovecharla de la mejor manera. Es por ello que Tinyol está muy agradecido de poder colaborar con entidades como San Juan de Dios o Cottolengo, para poder aprovechar y ayudar con los productos que, si no fuera por ellos, se desecharían.